jueves, 16 de febrero de 2012

El corazón es más que un mero músculo.

Una vez me dijeron: -¿Para qué te voy a mirar si escucho con los oídos? - Ya lo sabía. Pero resulta que yo no canto con las
cuerdas vocales ni toco la guitarra con los dedos. Lo hago con el corazón (ahórrense sus aww).

Claro que biológicamente sólo bombea sangre y bla bla bla. Pero yo lo veo desde un punto de vista ligeramente más espiritual.
Lo entendí hace mucho. Cuando recién empezaba a combatir. Mi coach me decía: - Germán pateá, usá toda tu fuerza, y
cuando no te den más las piernas... pateá con el corazón.
Y desde entonces entendí que siempre tuve un álter ego. Al que llamo Corazón.

Él pude cuando yo no.
Él gana cuando yo pierdo.
Él triunfa donde yo fracasaría.
Y así.

Posiblemente haya muchos que hagan las cosas mejor que yo. Pero de seguro que él lo hace lo mejor posible.

Cuando llego al límite de mis capacidades es cuando entra en acción. Es como si estuviera enchufado, y en esos
momentos que tiro y tiro del cable, me desenchufo. Ahí es cuando se enciende la batería de reserva (a lo terminator) que
vendría a ser mi corazón.
Aunque últimamente estuve abusando mucho de su buena voluntad. Debo tomar las riendas, ordenar un poco mi vida para
poder redefinir esos límites. O sino dejar de querer hacer cosas que naturalmente no podría.
(Nah, me gusta más la primera :B)

Y claro que de los cinco sentidos, la vista es la que más te va a servir a la hora de darte cuenta cuando le pongo sentimiento
a lo que hago.

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